«Hacía muchos meses que no había llovido en el país y, cuando a la mitad del día precedente a la llegada de SANTA FILOMENA a Mugnano oyó el pueblo el ruido alegre de las campanas de todas las Iglesias, decían saltando de gozo y de esperanza: “¡Oh! Si esta nueva Santa quisiese aumentar la veneración y amor que ya sentimos hacia ella, tiene un medio muy fácil y seguro: enviándonos una lluvia abundante que nos riegue los campos”. Aún no habían callado las campanas cuando vino la lluvia tan deseada y la admiración y el gozo sobre los corazones de aquellas buenas gentes a quienes, en los transportes de su alegría, sólo se les oía: “¡Viva Dios! ¡Viva la Santa!”».
Tomado del libro «Vida y milagros de santa Filomena», de M. J. F. B., Editorial Angustam Portam.
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