«Debido a la poca capacidad del Oratorio, se trasladó a la Santa a una Iglesia de Nápoles, donde por espacio de tres días estuvo expuesta sobre el altar. Se pasaron los tres días sin acaecimiento notable, dando ocasión a que se preguntasen unos a otros de dónde podría provenir este silencio del Cielo y la inacción de la nueva Santa. No tardó en saberse, pues dijeron públicamente el Cura, Clero y feligreses que, si la Santa hubiere hecho un solo milagro en la Iglesia, se habían convenido en no permitir saliese más de ella. Así que fue un verdadero milagro el que no hiciese ninguno».
Tomado del libro «Vida y milagros de santa Filomena», de M. J. F. B., Editorial Angustam Portam.
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