«Don Francisco de Lucía, celoso y santo Misionero italiano, deseaba vivamente lograr un cuerpo santo, de nombre propio, para colocarlo en su oratorio privado. Cuando, pasando de uno a otro, estuvo en frente de los huesos de la Santa Mártir Filomena, experimentó, como él mismo lo refiere, un gozo repentino y tan extraordinario que llamó la atención del custodio de las santas reliquias. Todos sus deseos, pues, se fijaron irresistiblemente en estos huesos sagrados, que prefería a todos los demás, aunque sin poder explicar la causa».
Tomado del libro «Vida y milagros de santa Filomena», de M. J. F. B., Editorial Angustam Portam.
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