«Las partículas sagradas de la sangre de SANTA FILOMENA al pasar del vaso roto a la urna se transformaban en varios globulitos brillantes, y de un modo permanente. Unos presentaban en su brillantez el color del oro más puro; otros, de la plata; estos, las preciosas luces del diamante; aquellos, del rubí, de la esmeralda y otras piedras preciosas, de manera que, en lugar de la materia, cuyo color al despegarla del vaso era moreno y oscuro, no se veía en el cristal sino la mezcla hermosa de varios colores que brillaban como los del arco iris».
Tomado del libro «Vida y milagros de santa Filomena», de M. J. F. B., Editorial Angustam Portam.
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