
«¡Oh grandes santos!, vosotros lo habéis entendido; vosotros, que por este Dios, que fue el único objeto de vuestro amor sobre la tierra, habéis sabido mortificar vuestros cuerpos. De este modo vuestros huesos son venerados hoy día y conservados preciosamente en urnas de oro. De este modo vuestras almas, bellas y radiantes, gozan de la presencia de Dios, esperando el día en que vuestros cuerpos participarán de vuestra gloria, así como participaron en la tierra de vuestros sufrimientos».
Tomado del libro «Preparación para la muerte», de San Alfonso María de Ligorio, Editorial Angustam Portam.
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