
«Si quieres emprender la vida devota, no sólo necesitas dejar el pecado, sino también purificar enteramente tu corazón de todos los afectos que dependen del pecado porque, además del peligro que con eso tendrías de volver a recaer, estos miserables afectos mantendrían perpetuamente enfermo tu espíritu y lo gravarían de tal modo que no podría practicar las buenas obras con prontitud, diligencia y frecuencia, en lo cual consiste la verdadera esencia de la devoción».
Tomado del libro «Introducción a la vida devota», de San Francisco de Sales, Editorial Angustam Portam.
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