
«No puede ni debe acabarse el ejercicio de purificar el alma hasta que se acabe nuestra vida, así que no tenemos que turbarnos por nuestras imperfecciones, porque la perfección consiste en combatirlas y sería imposible combatirlas sin verlas, o vencerlas sin encontrarlas; de modo que nuestra victoria no consiste en no sentirlas, sino en no consentir en ellas».
Tomado del libro «Introducción a la vida devota», de San Francisco de Sales, Editorial Angustam Portam.
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