
«La devoción, que es como azúcar espiritual, quita la amargura a las mortificaciones y estorba que puedan hacer daño los consuelos: corrige las cuitas de los pobres y las solicitudes de los ricos: quita la desolación al oprimido y la arrogancia al favorecido, la tristeza al solitario y la disipación al que vive en sociedad: sirve de fuego en invierno y de rocío en verano: enseña a vivir, así en la abundancia como en la pobreza: hace igualmente útiles las honras que los menosprecios: recibe con un corazón casi siempre igual el placer y el dolor, y nos llena de una suavidad maravillosa».
Tomado del libro «Introducción a la vida devota», de San Francisco de Sales, Editorial Angustam Portam.
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