
«Así como un hombre que acaba de salir de una enfermedad anda lo que necesita, pero con lentitud y pesadez, así también el pecador curado de su iniquidad camina lo que Dios le manda, pero con pesadez aún y lentitud hasta tanto que llega a la devoción que, entonces, ya como hombre perfectamente sano, no sólo camina, sino corre y salta por el camino de los mandamientos de Dios y, además de esto, pasa y corre por las sendas de los consejos e inspiraciones celestiales».
Tomado del libro «Introducción a la vida devota», de San Francisco de Sales, Editorial Angustam Portam.
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