
«Los primeros cristianos recibían el bautismo con un perfecto conocimiento de causa; y al salir de este baño saludable, todo su cuidado era mantenerse en la pureza de conciencia que en él habían recibido, y era el efecto que debía producir, huyendo las ocasiones, usando sin cesar de la oración, de los sacramentos, de la palabra de Dios y practicando exactamente las virtudes cristianas».
Tomado del «El interior de Jesús y de María», de Juan Grou, Editorial Angustam Portam.
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