
«El bautismo era para los primeros cristianos una consagración a Dios, un divorcio eterno con el mundo y el demonio, un desprendimiento absoluto de sí mismos, una muerte total al pecado, un compromiso irrevocable para una vida nueva, una investidura de Jesucristo».
Tomado del «El interior de Jesús y de María», de Juan Grou, Editorial Angustam Portam.
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