
«En el instante mismo de su concepción, Jesucristo vio clara y detalladamente todos sus sufrimientos interiores y exteriores; conoció su número, su variedad, su intensidad, su duración; todo le fue manifestado, todo lo aceptó, y, así, entró en aquella larga cadena de penas que debían terminarse por la cruz».
Tomado del «El interior de Jesús y de María», de Juan Grou, Editorial Angustam Portam.
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