
«Era indispensable que el mediador entre Dios y los hombres fuese Dios y hombre juntamente: hombre para humillarse, para someterse en lugar nuestro a la pena que teníamos merecida; Dios, para comunicar a esta humillación y a esta pena un precio que igualase y que sobrepujase incomparablemente todas nuestras deudas».
Tomado del «El interior de Jesús y de María», de Juan Grou, Editorial Angustam Portam.
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